La postura

 La otra cara de la moneda es, por supuesto, que la falta de poder no solo limita nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, sino que también nos encoge el cuerpo. Cuando nos sentimos impotentes o subordinados a alguien contraemos nuestra postura, tensándonos, protegiéndonos y achicándonos (pegamos los miembros al cuerpo, hundimos el pecho, dejamos caer los hombros, agachamos la cabeza, doblamos la espalda). 

Seguramente mientras está leyendo esto está modificando ligeramente su postura, abriendo más el pecho, irguiendo la espalda. Si lo hace puede que note cómo de inmediato su respiración y la expresión de su cara se relajan. Los investigadores saben que la conducta no verbal se manifiesta a través de muchos medios: expresiones faciales, movimientos oculares y miradas, orientación y postura del cuerpo, gestos con las manos, maneras de andar, signos vocales como el tono y el volumen, etcétera. 

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